A Casa de Gobo es el punto de partida perfecto para descubrir la sierra oriental gallega: rutas de senderismo, naturaleza y patrimonio a pocos minutos.
Con 54 metros de caída libre, la Seimeira de Vilagocende está considerada la cascada más alta de Galicia. Se forma con las aguas del río Porteliña, que nace en las alturas de la Serra do Hospital, y se precipita entre paredes de roca cubiertas de musgo en plena parroquia de San Martín de Suarna, dentro de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos e Terras de Burón. Se llega desde A Fonsagrada tomando la LU-530 y después la LU-721 en dirección a Vilagocende, donde hay una pequeña zona de aparcamiento habilitada junto a un panel informativo. Desde allí parte una sencilla ruta lineal de apenas 2,2 km ida y vuelta (unos 30 minutos a buen paso) que discurre por un ancho camino de tierra entre abedules, castaños, alisos y robles, con muy poco desnivel, apta para toda la familia. Ya junto al salto de agua, unas pasarelas y un puente de madera permiten cruzar el río y acercarse hasta la base de la cascada o subir a un mirador cercano, desde donde se aprecia mejor la caída completa. En el entorno todavía pueden verse los restos de un antiguo molino de piedra, testigo del uso tradicional que se dio a estas aguas, y una zona con mesas, bancos y fuente pensada para el descanso. La tradición oral de la comarca guarda además una antigua leyenda sobre un hombre que recibía panes encantados de manos de un espíritu de la cascada, una historia que todavía se cuenta entre los vecinos de la zona y que forma parte del imaginario popular ligado a este lugar. El caudal es más generoso en otoño, invierno y primavera, tras las lluvias, por lo que estas estaciones son las más recomendables para disfrutar del salto en todo su esplendor.
Conocido también como "vía de Alfonso II el Casto" o Camiño Real, el Camino Primitivo es el trazado más antiguo de los caminos a Santiago: la ruta que, según la tradición, siguió el propio rey asturiano en el siglo IX al conocer el descubrimiento del sepulcro del apóstol. A lo largo de los siglos recibió protección real de monarcas como Alfonso III, Alfonso VI, Alfonso VII, Alfonso IX o Alfonso XI, y hoy sigue siendo uno de los itinerarios jacobeos con más historia e identidad propia. El camino entra en la provincia de Lugo, y en el municipio de A Fonsagrada, por el Alto do Acebo, a más de 1.000 metros de altitud, tras una subida larga pero suave que marca la frontera entre Asturias y Galicia. Desde allí, discurre paralelo a la C-630 en dirección al antiguo hospital de peregrinos de Fonfría y continúa por las aldeas de Barbeitos y Silvela hasta Paradanova, donde el trazado se abre en dos variantes: una desciende hacia A Proba de Burón, antigua capital del municipio, mientras que la otra asciende hasta la plaza de A Fonte Sagrada, en el centro de A Fonsagrada. Por el camino se suceden lugares de gran valor histórico y natural, como la capilla de Vilardongo, el paraje de Pedrafitelas o el Hospital de Santiago de Montouto, fundado en 1357 por el rey Pedro I el Cruel para acoger a los peregrinos que llegaban desde Asturias, y junto al cual se conserva además un dolmen neolítico. Cada año, la Asociación de Amigos do Camiño Primitivo, creada en 1992, organiza una romería en Montouto por la festividad de Santiago Apóstol, manteniendo viva una tradición peregrina que lleva más de mil años cruzando estas tierras a pocos minutos de A Casa de Gobo.
Repartido entre los municipios de Ribeira de Piquín, A Fonsagrada y A Pontenova, el Bosque de Carballido es uno de los bosques autóctonos mejor conservados de Galicia. Se extiende por las estrechas gargantas de pizarra que forma el río Rodil junto a los regatos que en él desembocan, creando un ambiente umbrío y húmedo dominado por carballos (robles) centenarios, acompañados de castaños, abedules y un sotobosque cubierto de musgos y helechos propios del bosque atlántico. Su extraordinario estado de conservación le ha valido la declaración como Lugar de Importancia Comunitaria y Zona de Especial Conservación dentro de la Red Natura 2000, además de formar parte de la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos e Terras de Burón, reconocida por la UNESCO en 2007. Entre su fauna destacan los corzos, pequeños mamíferos y numerosas aves forestales. El bosque puede recorrerse a través de varios senderos señalizados: la Ruta de Pena Guímara (PR-G 139), de unos 10 km, se adentra en Carballido hasta las Foces de A Pinguela; la Ruta do Gallol (PR-G 140) suma unos 17 km, y cerca de Logares parte también la ruta de San Andrés, de 8 km. Cualquiera de ellas es una forma magnífica de conocer uno de los tesoros naturales más valiosos de la Montaña de Lugo.
Conocida también como "A Fortaleza" o Torre de los Condes de Altamira, esta torre de planta cuadrada, cuatro plantas y unos 15 metros de altura se levanta en A Proba de Burón, antigua capital de un extenso coto jurisdiccional que llegó a abarcar territorios de A Fonsagrada, Negueira de Muñiz y Ribeira de Piquín hasta mediados del siglo XIX. Construida en el siglo XV por los Condes de Altamira, una de las casas nobiliarias más poderosas de Galicia, la fortaleza servía para controlar los caminos, las tierras y a la población de la comarca desde su posición dominante. En 1467, durante la revuelta irmandiña, los campesinos gallegos, hartos de los abusos señoriales, asaltaron y destruyeron el castillo; fue doña Urraca de Moscoso, señora del lugar, quien obligó después a los vecinos a reconstruirlo. Ya en el siglo XVIII se añadió dentro de su recinto defensivo una capilla barroca dedicada a San José. Hoy en día se conservan la torre y algunos restos de la muralla, en estado de ruina pero todavía imponentes, y forman parte de la Lista Roja del Patrimonio por su situación de abandono. Al tratarse de una propiedad privada, la torre puede contemplarse y fotografiarse desde el exterior, pero no visitarse por dentro; aun así, sigue siendo uno de los rincones con más historia de toda la comarca y un testimonio silencioso del poder señorial medieval y de la resistencia campesina que marcó estas tierras.
Cerca de la aldea de Queixoiro, en la parroquia de A Bastida, el rego de Queixoiro (afluente del río Rodil, que a su vez vierte sus aguas al Eo) forma dos saltos de agua encajonados entre robles y castaños: un primer salto de unos 15 metros y, río abajo, un segundo de 12 metros de caída libre, ambos de gran belleza. Se accede desde A Fonsagrada por la LU-701 en dirección a Asturias; tras pasar Paradanova se gira hacia Queixoiro y, atravesando la aldea, un camino de tierra desciende hasta una pequeña zona de aparcamiento donde arranca el sendero. La ruta, restaurada y acondicionada en 2013 con una inversión superior a los 100.000 euros, discurre protegida por barandillas en todo su recorrido por la margen derecha del río, lo que la hace especialmente segura para ir con niños. En el primer salto, unas escaleras bajan hasta una poza natural con una pequeña zona de arena y un banco mirador, un rincón muy popular para el baño en los meses de calor. Continuando por la senda se llega al segundo salto, también equipado con escalinata de acceso para bajar con seguridad hasta su base. La dificultad de la ruta es baja y el recorrido completo, entre robledales y castañares, apenas exige un pequeño esfuerzo, lo que convierte esta doble cascada en una de las excursiones más agradecidas de la comarca para toda la familia.
Declarada por la UNESCO el 19 de septiembre de 2007, la Reserva de la Biosfera Río Eo, Oscos e Terras de Burón fue la primera reserva de la biosfera compartida por dos comunidades autónomas, Galicia y Asturias. Se extiende a lo largo de casi 159.000 hectáreas que siguen el curso completo del río Eo, desde su nacimiento en Fonteo, en Baleira, hasta su desembocadura en la ría de Ribadeo, e incluye además buena parte de las cuencas de los ríos Miño, Navia y Porcía. A Fonsagrada, y con ella A Casa de Gobo, forma parte de este territorio protegido. El paisaje combina la plataforma costera cantábrica, las sierras interiores y la meseta de A Fonsagrada, con los bosques ocupando cerca del 40% de la superficie: hayedos, robledales, bosques mixtos e incluso alcornocales en el entorno de Negueira de Muñiz. Es un territorio dedicado a la protección a largo plazo de sus paisajes y especies, a la regeneración de la masa forestal autóctona y a la conservación de los ríos como corredores ecológicos. Más allá de su valor natural, la reserva conserva un rico patrimonio etnográfico ligado a la vida tradicional: hórreos, pallozas como la que da origen a A Casa de Gobo, cortines, molinos, batanes y antiguas ferrerías que aprovechaban la fuerza del agua. Por su territorio discurren además tramos del Camino de Santiago, tanto del Camino Primitivo como del Camino del Norte, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015, lo que convierte esta comarca en un destino donde la naturaleza y la memoria de sus gentes caminan de la mano.
En la vecina Taramundi (Asturias), a un paso de A Fonsagrada, el conjunto etnográfico de Os Teixois recupera todo un sistema tradicional de ingenios movidos por la fuerza del agua: una presa que embalsa el río, un molino harinero, una mazonería con mazos de forja y un batán, además de una piedra de afilar que recuerda el vínculo de estos talleres con la artesanía cuchillera de la comarca. Abierto al público desde 1980 como museo etnográfico al aire libre, el conjunto permite ver en funcionamiento la maquinaria original, accionada por el mismo caudal que durante generaciones dio de comer y trabajo a las familias de la zona. Todo el complejo está declarado Bien de Interés Cultural por su valor histórico y etnográfico. Pasear por Os Teixois es entender de primera mano cómo el agua, la piedra y el hierro se combinaban en la vida cotidiana de estas aldeas fronterizas entre Galicia y Asturias, un patrimonio que hoy sigue vivo gracias a su cuidada conservación.
A escasos minutos de A Casa de Gobo, ya en el concejo asturiano de Taramundi, se encuentra una de las villas artesanas más reconocidas del norte de España. Su fama internacional se debe a la centenaria tradición cuchillera: desde el siglo XVIII, sus ferreiros forjan a mano navajas y cuchillos de acero al carbono en pequeños talleres familiares, con mangos tradicionalmente de madera de boj decorados con motivos geométricos y taracea propios de cada artesano. Esta artesanía, reconocida como Zona de Interés Artesanal, puede visitarse hoy en numerosos talleres del pueblo donde todavía se elaboran las célebres navajas taramundesas siguiendo el proceso tradicional, pieza a pieza. Taramundi fue además pionera en España al poner en marcha, en 1984, el primer proyecto de turismo rural del país, y hoy conserva ese espíritu en su plaza del Poyo y en sus calles de piedra. Junto al núcleo del pueblo, el cercano Museo de los Molinos de Mazonovo, uno de los mayores de España dedicados a la molienda tradicional, completa la visita a una villa donde el hierro, la madera y el agua siguen contando la misma historia de generación en generación.
En la vecina A Pontenova, muy cerca de A Fonsagrada, se alzan Os Fornos: cinco imponentes hornos de calcinación construidos entre 1902 y 1925 por la Sociedade Mineira de Vilaoudriz, de 11 metros de altura y 4 de diámetro, que dan nombre a la propia plaza del pueblo. En ellos se sometía el mineral de hierro extraído de las minas de Vilaoudriz y O Boulloso a un proceso de calcinación de 24 horas para eliminar los residuos fosfóricos, antes de transportarlo en tren hasta el puerto de Ribadeo, desde donde se exportaba a distintos países europeos. La actividad minera impulsó la economía local hasta mediados del siglo XX, cuando cesó por su baja rentabilidad. Hoy, restaurados, Os Fornos son el gran monumento al pasado industrial de la comarca y el punto de partida de la Ruta dos Fornos, que permite recorrer a pie este singular patrimonio minero.
En A Pontenova, a las puertas de A Sendiña, la Mina Consuelo fue una de las explotaciones de hierro más importantes de Galicia. Activa desde 1905 durante cerca de dos décadas, cuenta con ocho niveles (cinco subterráneos y tres a cielo abierto) y unos tres kilómetros de galerías excavadas, hoy convertidas en la única mina visitable de Galicia. La Ruta das Minas, un recorrido circular de 11,8 km y unas tres horas y media, parte de la antigua estación de tren (hoy oficina de turismo), junto a los hornos de calcinación, y enlaza el antiguo cable aéreo minero, la propia Mina Consuelo, el Santuario do Conforto y el túnel y horno de O Boulloso. La experiencia se completa con la Tirolina das Minas, de 330 metros de longitud y 80 de altura, instalada sobre el trazado del antiguo cable que transportaba el mineral hasta los hornos: una manera vertiginosa de sobrevolar el mismo paisaje que durante décadas vivió del hierro.

A apenas 10 km de A Fonsagrada por la LU-721, pasando junto a la cascada de Vilagocende, se esconde uno de los rincones más singulares de la comarca: la playa fluvial de A Pena do Inferno. Situada en un meandro del río Lamas-Vilabol, afluente del Navia, a 290 metros de altitud, su arenal se formó a partir de los restos de una morrena glaciar, coronada por una imponente peña de roca que da nombre al lugar. Un puente colgante cruza el río hasta la orilla opuesta, donde se encuentra el único establecimiento de la zona: un pequeño bar con delicias caseras. El entorno, acondicionado como área recreativa hace ya tres décadas, es perfecto para el baño, el senderismo, la pesca o simplemente para relajarse en la arena o el prado, arrullado por el sonido del agua y el viento. Entre castaños, robles, abedules, alisos, nogales, madroños y helechos, conviven especies como el jabalí, el turón, el visón, la garza, la garduña, el zorro o el erizo, lo que convierte esta playa de interior en un pequeño paraíso natural a pocos minutos de A Casa de Gobo.